7.7.09

Martha

Es el primer día de labor en la nueva oficina, saludo a los nuevos compañeros y desocupo el lugar que me corresponde. Desempaco, acomodo, prendo la computadora.
Fue una mudanza terrible: yo estaba agotada y no tenía nada de ánimos de comenzar una semana de trabajo, sin embargo me estaba haciendo a la idea de pensar en el fin de semana. Comenzar la semana pensando en el fin de semana...

De pronto llegó ella. Se llamaba Martha. El jefe la saluda estruendosamente y los demás disimulan el asco. Me dice: “Ella es Martha” y me presenta. Yo la miro de reojo porque tengo mucho trabajo y espeto un saludo discreto, pues, Finalmente, yo ya había saludado a todos los vecinos de escritorio y Martha aun no había llegado. A ella le correspondía hacerlo.

De pronto, vuelvo a mirarla. Apenas puede disimular la enorme protuberancia de su cuello, la espalada triangular y la voz oscura. Su peinado es perfecto y sus cejas están tatuadas. En muchos sentidos, Martha es una mujer mucho más preocupada por su aspecto que yo.

Mi vecino de escritorio me lanza una mirada cruel esperando complicidad. Yo ignoro el evento y comienzo a sentir simpatía por la buena de Martha.

Llega la hora de la comida y buscamos un lugar. Las calles que rodean la oficina son demasiado ostentosas para nuestro frugal salario y cuesta mucho trabajo encontrar algo tan accesible como decoroso. Por cansancio, terminamos en un lugar de tacos: tacos de pastor, tortas de pastor, tacos de machitos, quesadillas de sesos, alambres, refrescos. La carnicería comienza:

-¿Lo viste? No mames, parece que vas a tener mucha chamba cuidándote de sus miraditas.

-Nel ni madres, si ese puto se me lanza yo si me lo madreo.

- Chale, qué pinche asco.

-Pinche gente enferma.

Yo como sin prestar atención y de pronto me pregunto si Martha se fijaría en alguno de ellos. Pero en realidad, no dejo de pensar en lo incómoda que me siento en mi nuevo lugar. Capturar no es un evento feliz, sin música y levantándome muy temprano.

Tras la comida, al regresar a la oficina, comienza mi conteo regresivo para la salida y el comienzo de mi día personal. Diez horas diarias y soy afortunada. Finalmente, sólo soy una de tantas capturistas. No hay empleo ni oportunidad ahora, no hay grandes expectativas para nadie, mas que trabajar diez horas diarias y comenzar el día a las seis de la tarde.

- Oye, tu nombre sigue pegado en el monitor de tu computadora. ¿No crees que le puede hacer daño al equipo? .

Apenas si me doy cuenta que Martha me está llamando cuando detecto que usa Cartier. Sin pedírselo se levanta suavemente y despega el papel que dice mi nombre y mi clave, al hacerlo su cabello roza mi brazo.

- Ah, muchas gracias. Para la mudanza teníamos que clasificar todo y dejarlo codificado para que llegara bien aquí-. Martha sonríe y luego termina de recoger sus cosas. – Ciao- , me dice. – Chau - le contesto yo.

Al día siguiente trato de vestirme mejor. Pinto mis uñas y mis pestañas. Me pongo tacones y uso una peineta de carey. Hace mucho que no me llama mi novio. Hacía mucho que no me pintaba las uñas y las pestañas. Es una mañana mucho más lenta que las demás: son las nueve, nueve horas menos. Son las diez, ocho horas menos. Son las once, siete horas menos. Son las doce, puedo salir a fumar.

Un cigarro. Dos cigarros. Efecto laxante del cigarro. Hace mucho que no me llama mi novio y parece que no lo volverá a hacer.

Tomo un poco de papel higiénico y me preparo para salir. Estos baños tienen muchos espejos y el agua muy fría. Me lavo la cara, porque si no caeré al fin presa del aburrimiento frente a mi máquina. Hace años que mi novio ya no lo es, no es preciso extender el engaño a mis pensamientos. Ya son sólo recuerdos. Y Martha está de tras de mí y me mira por el espejo.

-¿Estás bien?

-Si.. sí, parece que me hizo daño fumar. Hace mese que no lo hacía.

Martha sonríe condescendientemente y se va dejando un rastro de Cartier. Recuerdo cuánto me gustaba ese perfume, pero nunca me fijó. En Martha huele tan bien.


***


-Hola…. No no, aquí estoy. Es que hacía mucho que no hablábamos. ¿Recibiste mi correo? Sí, ya nos mudamos de las oficinas anteriores. No sabía si seguías teniendo el número anterior, así que te escribí para que supieras donde ando. Igual, cansada. Pensando que saldré en unas horas ¿Tienes algo qué hacer? Ah.. no no, lo decía por si podías. ¿Cuándo tienes tiempo?... ¿Te irás? ¿Y no me lo ibas a decir? No, bueno.. es una excelente oportunidad. Siempre has querido ir a Francia. Yo aún no acabo la carrera…. Porque murió mi abuelo. Me acompañaste al funeral de mi abuelo, y él nos mantenía ¿Recuerdas? Ya vas a empezar. Si no acabo la carrera es porque no ha sido fácil. No lo es. Además: ¿Cómo es que me llamas ahora, después de meses de no hacerlo? Sólo lo haces para recordarme lo equivocada que estoy. Te irás ¿no? ¡No me reproches! Yo lloro cuando me da la gana… Basta. Este es el número de mi oficina, a dónde estás llamado ahora y no es un lugar idóneo para hablar de tu descuido, de tu abandono… Si tuvieras tiempo de arreglar las cosas ¿Te vas esta noche? Bueno, nos escribimos. Sí, estaré al pendiente. Buen viaje. Chau…

Me tiemblan las manos.

-¿Estás bien?

Siento como una melena roza mis mejillas, Martha está detrás de mí y ha escuchado mi conversación.

-¡Martha! Gracias.. sí, es que ya ves. Los pinches hombres .

- Jajaja, dímelo a mí. Oye ¿quieres tomar un café a la salida? Te ves triste-. El Cartier de Martha un día me va a matar. -Sí claro, sólo voy a cerrar el equipo

Martha habla conmigo como una gran amiga, a pesar que hace muy poco tiempo que nos conocemos. Trata de decirme lo importante que es el respeto y ser dura. -Mi novio siempre me está diciendo cómo y cuándo debo hacer las cosas, pero igual es un tonto- Sonreimos.

No se da cuenta de que estoy hipnotizada. Sus ojos son muy profundos. Como los de un hombre entrado en el sopor de la poesía. Como si leyera todas las noches a Marguerite Yourcenar. Su rostro es fino y arreglado, como si quisiera parecer una diva. Su espalda es muy atractiva y su torso tan imponente, a pesar del par de tetas que le cuelgan.

Martha es la consumación de lo mejor de un hombre y lo mejor de una mujer. Y yo sólo la miro como si estuviera hechizada.

- Hace años que él no me llamaba y por eso perdí el control. No soy siempre así. Te agradezco el café. Ya me tengo que ir- Dejé un par de billetes en la mesa y la mano de Martha se posó tiernamente sobe la mía- Descuida. Yo te invito y espero que no sea la última vez.

No recuerdo bien cómo salí del lugar. De pronto ya estaba rumbo a casa y me llevaba la mano a la boca en repetidas ocasiones. Martha. No puede ser el lío en el que me estoy metiendo.

A la mañana siguiente llego y enfermizamente espero ver a Martha. Pero el día pasa lento como siempre, de forma despiadada, y ella no llega.

Recojo mis cosas y salgo con decepción. Soy un animal de costumbres muy arraigadas y trazo el camino habitual rumbo al camión que me lleva a casa y que tarda minutos incandescentes. Hoy no vi a Martha y me afectó más de lo que podía imaginar. Jamás es absurdo saber dónde y cómo cae el amor. Creo que me debería sentir afortunada.


***


Han pasado varios días y no me puedo levantar. Mi cama se ha hecho un abismo profundo y no encuentro modo de salir. No tengo fuerzas de tomar el teléfono para avisar mi ausencia y, de ser franca, no me importa. Mis uñas tienen restos de esmalte y casi no tengo pestañas porque me arranco el rímel seco.

Alguien toca a mi puerta. Me levanto como si cargara un gran costal de piedras, haciéndome espacio entre la basura y los insectos. Abro la puerta y ocurre una hierofanía. Es Martha. Tan bella y radiante. Oliendo a Cartier más que nunca.

-Estábamos preocupados. Simplemente dejaste de ir, tuve que conseguir tu dirección y datos con tu jefe, quien, ya no quiere saber más de ti...

Yo sólo puedo mirarla con profunda redención. Sin decir palabras, me besa en los labios y yo no puedo controlar las lágrimas. Ella se separa y me sonríe -Te extrañé tanto. Desde la primera vez que te vi, supe que estábamos amoldadas. Que seríamos una sola persona amándose.

Le sonrío como si mi vida se acabara pronto. La veo y pienso que puede ser la muerte disfrazada del único ángel que he reconocido y que me pertenece. Ella me sigue besando y su paso firme nos aproxima a mi sucia y descuidada cama. Yo musito algo parecido a los estertores, aunque jamás he escuchado alguno.

-¡Martha!... Estás aquí… ¿Cómo es que estás aquí? ¿Cómo es que llegaste aquí? No puedes ser real. Te soñaba todo el tiempo. Incluso cuando trabajaba en esa asquerosa oficina, yo te soñaba bailando a Bach, como sólo los ángeles lo hacen. Porque tú eres mi único y verdadero ángel y vienes a redimirme… es verdad, vienes a hacerlo ¿Verdad?

Los besos. El perfume. Su cabello. Todo me sofoca, todo ocurre como una sinfonía que cada vez suena más alto y más rápido. Me siento absolutamente feliz.

Los movimientos son cada vez más fuertes y la voz de Martha se hace cada vez más ronca. Las convulsiones de mi cuerpo son cada vez más violentas y noto como ella intenta calmarme con su aliento celestial. Pero es imposible que yo me calme, porque sé que ese instante, que ocurre inclementemente rápido, acabará tan pronto… justo cuando la música de Bach termine y la danza de Martha se esfume y me deje sola de nuevo.

Acaricio su cabello, beso sus labios, tomo la lámpara de metal que alumbra mis lecturas nocturnas e interminables y la dejo caer fuertemente sobre su frágil nuca. Sólo oigo un leve crujido y siento todo su cuerpo inerte sobre el mío descuidado. Cierro los ojos.

Horas después, el detective apunta en una libreta: un departamento muy descuidado, un travesti muerto a causa de impacto asestado en la nuca y una mujer temblando envuelta en una manta sucia.

***


-Hola?… ¡Ah! ¿Qué dice el cielo parisino? ¡Qué gusto que llames! ¿Mi nuevo número te lo dio mi mamá? Yo estoy bien. Radiante. ¿Cómo? ¿Acaso hay un noticiero latino de nota roja en Francia? Hasta allá llegan las noticias de alto impacto. ¿Me oyes despreocupada? Descuida, yo estoy bien. Radiante. Seguro. Por un tiempo estuve mal, sí. Pero ahora sólo sé que estoy radiante. Pues que te puedo decir que no hayan dicho los periodistas: “Llevaba varios días encerrada y “él” llegaba para forzarme. No sé de dónde saqué fuerzas para defenderme y no sé cuánto tiempo habría aguantado… no lo sé… Tal cuál la declaración que di a los medios. Descuida amor, ¡En verdad estoy radiante! Yo también te extraño. Ojalá regresaras pronto. Sí… yo también…

18.6.09

Acción Mutante


“Bilbao, año 2012. Una extraña banda terrorista llamada “Acción Mutante” siembra el terror en el país. Está formada por seres deformes que pretenden vengarse de los ricos y guapos. El cerebro del grupo es el malvado Ramón Yarritu, un ser sin escrúpulos….”
Recuerdo que vi esta película cuando tenía como 14 años. Fue en una piyamada en casa de las Aishshas o en casa de Rachel. También recuerdo que enseguida vimos “Martín H.”, en la que conocí la música de Fito y al actor que después haría de malo en “Tesis” (un bombón). Festival de cine de arte hispanoamericano para morritas de 14.
La primera escena, en la que se arrastran los guerrilleros terroristas –orgullosos miembros del ejército en contra de los guapos, bellos, ricos y exitosos– me sorprendió tanto que agarré simpatía por el Alex de la Iglesia.
Finalmente no éramos muy distintas: Las losers del grupo, a las que les costaba un huevo todo, las que no eran populares y a las que siempre les inventaban chismesotes (quizás el más gracioso fue el de Amirita y Rachel como pareja).
Nos apodaban “Las abuelas” sólo porque a Ami no le gustaba desenredarse la mata y siempre traía un chongo en la parte baja de la cabeza. Lailis y yo éramos muy amigables, pero definitivamente Ciciol y Mariana eran hostiles. Las Aishshas eran idénticas, pero siempre las boicoteaban cuando se cambiaban de salón para repartirse los exámenes. Sarita, que se llevaba con una chava enorme y rara de nombre Itzel, en poco tiempo comenzó a volverse parte del grupo y sentarse a comer quesadillas con nosotras. Rachel era la sabrossa, la que mejor jugaba al fut y la que comenzó su despertar sexoso más temprano que todas.
En el fut siempre fuimos una vergüenza. Lailita y yo lo intentábamos hasta que vimos que hacíamos mejor mancuerna como defensa y portera, Amirita soltaba bronca, Ciciol de plano se iba a los madrazos, las Aishas le corrían, a Sarita se la llevaba el viento, Mariana le entraba, pero Rachel daba miedo: el balón era como un coco, ella sabía cómo llevarlo hasta la portera retadora, pararlo y tomar impulso para soltar un cañonazo del que hasta los chavos se quitaban.
Pero una no hacía la suficiente batalla para las chicas más talentosas, con más andamiaje y consentidas del profesor de Deportes. Ni pedo, “Las abuelas” de nuevo no calificábamos y la verdad es que nos valía madres.
Finalmente las tragedias contundentes como los cambios de escuela o la ansiosa búsqueda por entrar a las prepas de la UNAM, nos separaron. Nuestra relación se tuvo que hacer esporádica y sortear las pruebas de destino que la hacen una amistad real o sólo recuerdos.
***
Hace poco, tras una compra apresurada de zapatos con plataforma, un paso descuidado, el último escalón y mi tobillo endeble, me lastimé de forma contundente y requerí del uso de una férula. Creo que ahí comprendí mejor el humor sardónico Acción Mutante.
Es cierto, el mundo es una mierda para quien tiene alguna discapacidad: plazas con rampas estilo Everest que conducen a una única salida con escaleras. Estúpido.
Si el lisiado, discapacitado o sujeto con capacidades especiales busca divertirse y asistir a un evento, debe comprar boletos especiales (hágame el chingado favor señorita. Yo no sabía que me iba a lastimar obviusly).
Si el lisiado busca desplazarse provoca la hostilidad de la concurrencia circundante, pues es rebasado, empujado e inclusive refunfuñado (ahora entiendo mucho mucho mejor a Ramón Yarritu).
***
Recuerdo como en la secu, durante dos años, los compañeros se burlaban de nosotras y nos rechazaban. A mí se me hacía muy ridículo que se portaran como High School, siendo que estábamos en una escuela de tirada izquierdosa, mexicana y para clase media baja. Ni pedo, las trampas de la ficción y el fácil acceso que tiene el ícono de la secundaria gringa (Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos).
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Al final fuimos las estrellitas marineras, pues nos disfrazamos de darkis y nos metimos a la clase con la boca negra, las uñas y todo el desmadre necesario.
El director nos regañó, nos mandó a las chicas más emblemáticas de la prepa para que hablaran con nosotras, para que nos dijeran en qué consistía esa “filosofía” y nos exhortaran a vivir sin esa clase de influencias. Patrañas sin censura.
***
Dos años después, cuando fui de buena onda a una fiesta de una compañera que, hacia la huelga del 99, se metió a esa secu para hacer la prepa, me abraza y grita: ¡¡¡Ella es una de las abuelas!!! Y 5 chavas se me vienen encima. Ni si quiera. Qué raro. No nos gustaba que nos dijeran así, dice Lai cuando le llamo por teléfono para contarle.
***
Qué divertidas eran las piyamadas. Más cuando veíamos las pelis que conseguían Mariana o Amirita. Las abuelas, Acción Mutante. Pinches morras barrosas de secu.
Y pese a todo, nuestras bajas no han sido muy significativas: Mariana que se volvió re fashon y Rachel que tiene un marido que no la deja vernos.
Creo que, en ese sentido, la postal del grupo de los outsider es un universal que poco se aleja de la realidad y que por eso tiene sentido. Acción mutante-las marginadas-las abuelas. El misterio de la narración que es capaz de narrar al espectador. Uno más de los rizomas de la historia que cuento con la historia que vivo o leo. Ni pedo, Deleuze sabe de lo que escribía. Me quito el sombrero.

21.5.09

Nobody expects the Spanish Inquisition!

Hace poco, Carlos me invitó a retomar la maravillosa costumbre de ver muchas muchas películas. Es así como conocí “Si yo hubiera”, pieza de ficción que grita “Soy una película con moda de los noventas”, con un halo absolutamente británico y una historia entrañable. Interesa su título en inglés, “Puertas corredizas” (sliding doors), como una de las metáforas más inteligentes de la idea de “fortuna-destino”.
Para no arruinar la experiencia de quien no la haya visto, sólo contaré que se narra la historia de una mujer viviendo dos historias simultáneas.
Lo que sí diré es que, de inicio, este planteamiento, me recuerda mucho al encuentro de Borges con el Aleph . Para no provocar un “soponcio” diré que la encuentro así con “distancias muy marcadas”; entre ellas, y quizás la más evidente, Borges siempre está consciente de que se ha encontrado un Aleph, mientras que la heroína de la película jamás sabe que hay otra posibilidad para su historia, de la que sólo el espectador sabe y puede gozar.
Lo que me parece cierto es que hay un suceso inconmensurable, similar al que el Aleph produce: dos historias que transcurren como posibilidades en un mismo espacio.
¿Cuántas veces no ha ocurrido este evento en el plano de lo real y el individuo jamás se da cuenta? Por absurda que parezca la pregunta, no cabe duda de que uno sólo la formula cuando ve películas que tratan al respecto. La revelación de mi propio encuentro con las puertas corredizas es una historia que sí puedo contar sin arruinar un final.
Hace años realicé un viaje muy importante, en el que creía que iba a encontrar cosas que sin duda me iban a sorprender. Tal cual pasó y “tá” - como dicen los rioplatenses – me sorprendí y me quedé pensando en un próximo cambio de residencia y una posible vida tan atractiva como peligrosa.
Sin embargo, como dice Sabina, mis planes no fueron compartidos y me quedé con “un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo”.
Creo que duró más mi duelo que el momento en que ese plan fue una posibilidad real.
Pero, como dijera Nat, en una de sus dedicatorias más lindas: “you are a Phoenix”.
El tiempo pasó. Pocas veces me he sentido tan identificada con la idea de “destino”.
Tras la recuperación de este evento, sin razonar mucho y siguiendo pistas, me encontré con la persona que correspondería con quien en la cinta que menciono dice jubilosamente: Nobody expects the Spanish Inquisition!
Comparto con Are la idea de los epílogos. Es bonito reconocerlos y, en ocasiones, hacerlos prólogos.
Cuando llego a pensar qué hubiera pasado si el timón de mi “destino” no hubiera girado y hubiera vivido otra historia en lugar de la que cuento, me descubro comprendiendo que no me interesa. Es lo lindo de enamorarse de la ficción, que siempre se puede elegir lo que uno desea contar y que le cuenten.

12.5.09

12 de mayo de 2009

El día comenzó con las acostumbradas mañanitas, mis heróicas ganas de correr, la llegada al cubículo y la idea de que puede ser un día especial.

Siempre he pensado que los cumpleaños lo son, de modo que, por el sólo hecho de querer dejar una huella pequeña que diga "12 de mayo de 2009", Anita y yo ponemos este texto.

Un año más... un día más.

1.5.09

Eir ist schrecklich. Er ist wirklich schrecklich

El motivo musical con el que la secuencia de palabras “Eir ist schrecklich. Er ist wirklich schrecklich”, que entonaba Salomé escuchando las palabras apocalípticas y desoladas de Jokannan es, sin duda, uno de los más exóticos que conozco.
Como muchas, acudí a esa maravillosa clase de las conferencias de Luz Aurora Pimentel en la que analizamos, en una segunda sesión, la música dentro de la literatura. La relación entre ambas manifestaciones y experiencias estéticas es, sin duda, un deleite tan complicado como sus componentes. Así como la yuxtaposición es una de las formas de incluir la música en el fenómeno narrativo, también la relación entre motivos literarios co n los motivos musicales es otra manera interesante de abordar el fenómeno.

Según Pimentel, la relación entre la obra de Wilde con la ópera de Strauss es poderosa y, en palabras de ella, supera la adaptación

Ahora, ha pasado una semana y no hubo clase. Como todo, no hay gran cosa. Las calles van solas y la gente tiene la mirada espantadísima. Seguramente yo me he de ver igual si saliera.
(Anita simplemente ya no me aguanta… pues dice que mi histeria se está haciendo ingobernable y que a la mera, lo importante es la tristeza honda…)
Entonces lo escuché: Eir ist schrecklich. Er ist wirklich schrecklich. Y pensé que la forma en la que canta Salomé es aún más terrible porque sabe lo que va a pasar: le cortará la cabeza a Jokannan, o al menos le hará mucho daño. Ahora creo que siento algo similar. No creo que haya algo o alguien que sepa a ciencia cierta qué y cómo está pasando ahora. Pero veo que la mayoría no sabemos qué diablos ocurre ni lo que se espera.

Muchas de las cosas que he leído o que me han reconfortado rebotaron por mi mente, pues pensé, evidentemente, en el último gran libro al que le hice promoción en la editorial: La doctrina del shock de Naomi Klein. Ahí se menciona la idea de cómo es que la Escuela de Chicago, dirigida por Milton Friedman, establece una serie de herramientas y metodología de lo que pasa a una sociedad entera cuando experimenta un evento de shock. Esto puede ser un golpe de estado, un desastre natural, una epidemia (sí.. sí, tal cuál la estamos viviendo nosotros), una guerra.. vaya, todo lo que altere significativamente a la población, haciéndola permanecer intranquila, expectante, deprimida, y con mucho mucho miedo.

A la mera, esto no quiere decir que un grupo de hombres malvados, acariciando gatos blancos, con cicatrices en el rostro y parches en los ojos, planean llevarse nuestro oro escondido en el Pacífico, nuestro petróleo, nuestras perlas o nuestras almas. Quiere decir que la Escuela de Chicago y Milton Friedman observaron y comprendieron que los estados de shock en los que cae una sociedad son materia fecunda para instaurar reformas polémicas o poco populares o de cualquier índole. Bajo los ojos de la autora la mayoría de estas políticas son de índole capitalista a ultranza. Y conociendo los mecanismos usuales del capitalismo, coincido con ella.

Esto no es un nuevo dato, pues, como lo menciona Klein, la base de la doctrina es la terapia de electroshock, la cual fue muy usada en las Guerras Mundiales.
A la mera, esto podría parecer una más de las tendencias complotistas o paranoicas que se viven hoy en mi país, sin embargo, no es tal y, por el contrario consuela, pues la medida que Klein menciona para hacer frente a un diagnóstico de aplicación de esta doctrina es que se debe estar atento a la información y no permitir la histeria, vaya, permanecer tranquilos y pensar: no puedo hacer más de lo que estoy haciendo, no dejaré de mantener un estado de conciencia claro y no dejaré de tener una actitud crítica y no permitiré que el shock sea más largo.

Porque es eso: el shock siempre es pasajero. Lo que se debe impedir es que se alargue.

Por otro lado, recordé otro de los libros famosones de Paidós: El arte de amar. Sin duda uno de los más vendidos, leídos, controvertidos y demás.

(Por si lo están pensando: no. No estoy promoviendo a la editorial porque ya no trabajo ahí. Los libros son buenos, vaya… los libros siempre serán inocentes).

A muchos les conté de viva voz que en los últimos días de labor, ví una edición preciosa en la oficina: pasta dura roja, papel satinado, letras negras, rojas y las notas no al pie sino al margen. Una cosa chula. Pues hoy decidí leerla.

Comencé porque entraba en otra crisis depresiva, de incertidumbre y demás sentimientos que seguro muchos estamos compartiendo en estos momentos. Decidí hacerlo en el jardín de mi casa, pues en mi recámara me he sentido vulnerable y triste.

No es una grata sorpresa saber porqué Fromm es tan leído, ya que en realidad no es una sorpresa: lo que él hace es una especie de “divulgación psicológica” y aborda aspectos denominados “universales”: cómo es que amamos y cómo es que podemos amar o no amar a los demás.

Como con todo teórico que se avienta a definir conceptos tan proliferantes como el de amor, comparto algunas premisas y otras no.

Quizás, la observación más brillante que Fromm menciona en su libro es que el hombre es un animal que tiene consciencia de la vida, esto quiere decir que sabe que nació a pesar de su voluntad, que no tiene más certeza que su pasado y que en el futuro morirá a pesar de sí mismo. El nombre, la individualización y demás huellas para que un hombre no sea olvidado son estrategias que intentan eliminar la única certeza inevitable, la muerte, que puede ocurrir antes de que los amados mueran o después de que los amados mueran. Esto hace evidente la conciencia de la soledad del individuo, de su, en términos del autor, “separatividad”.

Esto es una de las causas por los cuales el individuo padece.

Al respecto del título, amar no es una actitud, es un arte en el sentido de lo que artificio es: hacer algo con conocimiento teórico y práctico. Las posibilidades del amor tienen que ver con esta premisa diatópica y conveniente. Pero hay más: las maneras en el amar a veces suelen ser conflictivas y confusas, pues se pueden establecer mitos en los que un hombre o una mujer buscan ser amados: los hombres buscan éxito adquirido para sorprender y las mujeres buscan la apariencia bella para atraer (pensando que estas son actitudes o cualidades inherentes a un estereotipo creado para hombre y mujer, pero en algunos sentidos funciona si se entiende históricamente y occidentalmente hablando cómo es que se ha entendido uno al otro). También se cree que el amor es pasional, entonces, el autor realiza un análisis interesante de cómo es que la pasión que tiende a “volver” locos en el evento inmiscuido del amor, sólo define la inmensa soledad que habita en aquellos que lo experimentan. Esto no quiere decir que el amor no sea intenso, mas bien, apunta a la necesidad por distinguir la idea del amor frente a la idea de la pasión, bajo el escrutinio del aparato crítico del que autor se vale pare definir.

El amor existe a partir del cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento del otro (similar a las ideas de Levinás y la alteridad). A su vez, amar es dar. Hay confusiones muy comunes en las que se da la relación y definición de los términos. Bajo el perfil que Fromm propone, el cuidado se refiere a la idea de procurar al amante, nada que no sea amado deja de ser cuidado. La responsabilidad se relaciona con la idea de la visión y cautela, entendiendo que la relación es un vínculo de constante dicha y abundancia por parte de ambos. En este sentido, el cuidado y la responsabilidad son las bases para que dos individuos que se aman puedan llegar sentir respeto, puesto que alcanzan conocimiento de ellos mismos (entiendo que el orden de los factores no altera el producto).

Fromm menciona la necesidad de establecer cómo es que el amor se entiende. Dado el caso de que se entienda como la relación simbiótica entre dos individuos, habría que descartar un par de comportamientos nada sanos y muy comunes: el sadismo y el masoquismo. El primero apunta al individuo que busca poseer al otro, destruirlo para saber cuál es su secreto de vida y desmembrarlo para intentar conocerlo – camino muy poco fecundo para afirmar que se ama de alguna manera. El segundo se refiere al individuo que busca idolatrar al ser amado, sentirse válido a partir de su dueño, que disfruta las formas absurdas, desalmadas y violentas con las que el otro lo conoce y lo asume.

Ahí hice click. Ambas lecturas están correspondidas con la situación actual. El problema de un evento tan poco predecible, incierto y doloroso, como lo que estamos viviendo, pone en evidencia la idea del hombre consciente al que Fromm se refiere: no es que nos de miedo la situación, nos da miedo la falta de seguridad y estabilidad, la posibilidad de que la gente que amamos muera o, inclusive, nuestra propia y repulsiva muerte.

Recordamos lo solos que estamos y lo triste que eso es cuando sabemos que los días y las noches son tan inciertos como una lotería.

Pero también ahí entra la doctrina del Shock: lo que nos mantiene en el estado doloroso es saber que las instituciones del país han fallado ininterrumpidamente. De hecho, son risibles, cínicas, prepotentes y en todos los sentidos ineficaces. Pensar que "aquello que no conozco" amenaza todo lo que amo y que me siento desprovisto de un sistema al que se le ha apostado la seguridad y bienestar de la comunidad es, sin duda, lo más alterante

El shock que nosotros vivimos es bipartita entonces: el miedo a lo desconocido e inatacable (la enfermedad) y el miedo al sistema infecto que se hace cargo del problema.

En muchos sentidos, apunta a un círculo vicioso en el cuál “el pueblo” es una eterna víctima de esta situación y es completamente lícito que se arroje al dolor y la eterna soledad que tiene el oprimido.

Ahí hay otro click: es exactamente el modelo que propone Fromm de las relaciones fatídicas y dolorosas. La entidad a la que nombraré “Pueblo” encaja con el tipo denominando “masoquista”, mientras que la otra entidad llamada “Sistema” actúa como aquél amante “sádico”. Esto es un círculo que no acaba, pues ambas entidades resultan, a causa de la relación terrible, necesarias para su sobrevivencia.

Aquello a lo que llamo “Sistema” que funciona como acreedor y usuario de la sensación o estación denominada “poder”, necesita fundamentalmente de la otra entidad llamada “Pueblo” para sostenerse, pues de manera obvia, esta es la fuente de donde emana la cualidad de vida de la otra. Y el “Pueblo” no puede conocer a la otra entidad, sólo la admira, le deposita toda la confianza, se siente arropada por ella asumiendo cualquier tipo de comportamiento violento.

En pocas palabras “Pueblo” se parece a la ñora golpeada que jamás sale del shock y que teme dejar a su marido.

Hace días platicaba con Liz - a quien en poco tiempo he llegado a admirar profundamente - y decíamos que en su trabajo se topó con el abominable caso de un hombre que decidió quitarle el DIU a su mujer, puesto que jamás le había pedido permiso de ponérselo. El mecanismo de este animal fue extraer el dispositivo con la mano, mientras la mujer lloraba y se atemorizaba. Liz me comentó que no era la primera vez que atendía el caso de esta ñora, así que ambas dijimos al mismo tiempo: bueno, ya pinche vieja ¿hasta dónde quiere llegar soportando eso?

Entonces es cuando la analogía me parece oportuna: ¿Hasta cuándo seguirá la terrible (schrecklich) relación entre las entidades “sistema” y “pueblo” de la manera errónea y dolorosa que se ha llevado a cabo hasta nuestros días?

Supongo que una forma interesante de comenzar a pensarlo sucede al abordar lo que se tiene en estos días: un evento ingobernable que nos parece nefasto porque pone en evidencia el miedo a la muerte propia y la de los amados. ¿Qué se puede hacer? Pues todo lo que uno considere que lo mantendrá tranquilo, fuera del shok. Esto puede ser desde seguir todas las recomendaciones institucionales que nos zampan a cada rato, o leer un buen libro, o charlar, o mantenerse comunicados y aceptar que la vida es finita. Que podemos morir por esto o por cualquier otra chingadera.
También, observar críticamente las declaraciones, impedir que nos alarmen o que nos entristezcan.
Lo primordial, no sólo como un evento por el tiempo libre que ha dejado la emergencia, es LEER, saber cómo es que se constituye lo que llamamos sistema gubernamental, de qué derechos gozamos y qué obligaciones nos corresponden; saber en dónde hay una alteración o violentación hacia nosotros y cambiar la relación denigrante a la que estamos acostumbrados o conformados.

Yo le platiqué a Anita todo esto… y ella me decía que quizás reconocer el miedo al desastre era el primer paso para evitar los posibles shocks que se encadenan a lo largo de la vida (como cuando alguien reconoce que es alcohólico jeje).

Ahora, sigo escuchando el verso: "Eir ist schrecklich. Er ist wirklich schrecklich" y sigo pensando en los grabados de aquella Salomé absolutamente extasiada, besando la boca roja de Jokannan y sosteniendo su cabeza. Y concluyo como Luz Aurora Pimentel que la ópera de Strauss es superior a la obra de Wilde, pues exacerba la idea de lujuria y malignidad del hipertexto bíblico en el que ocurre ese pasaje. Sin embargo, como Pimentel, comparto la idea de observar a fondo el papel que juega Herodias (personaje oscuro y poco comprendido) en esa historia, pues exhorta a reflexionar en la inmensa e incomprensible relación entre el amor y la política. Una enorme y desconocida máquina monumental que durante siglos ha movido indiscutiblemente a toda la humanidad.

15.4.09

Keep Talking

Largas caminatas. Todo el tiempo con la casa a cuestas. Al imaginarme así Anita dice que parezco Howl en mi Increíble Castillo Vagabundo. Entonces me sonrojo, pero la verdad es que sí me siento así. Mi casa es mi mochila y yo camino para llegar a los lugares diarios.

Tan, pero tan extraordinaria película… que la primera vez tardé en verla tres días porque algo pasaba que me impedía continuar y, entonces, la paraba en la parte en que Howl y Sophie volaban sobre la plaza (si si, muy recién empezandito).

Luego la vi completa: no sé porqué esa película siempre me pone muy triste. El hechizo, el reconocimiento de Sophie como una anciana, la decadencia del castillo, la picardía de Calcifer, la inmadurez de Howl (y la fantástica escena en la que se deprime y le brota una sustancia viscosa… ¡que daría yo por haber tenido esa imagen cuando quise describir a un profano el estado de cuestión de ese padecimiento!), la comprensión de Sophie, el corazón de Howl.

Sin duda alguna, el castillo es quizás la metáfora más hermosa: el hombre que no tiene corazón y debe cargar su casa a cuestas…

Entonces, cada mañana, cuando tomaba mi mochila llena de las cosas de anteayer, pensaba en todo esto.

Recién había pensado en lo conveniente que resultaba este mecanismo para sobrevivir. Todo está dentro de mí y así no necesito de nada. Puedo establecerme en cualquier sitio y tengo lo ideal para trabajar. Pero hoy, sentada en una escalera, mirando a las personas que pasaban como si yo flotara en una alberca llena de gente y a mi alrededor todos se bañaran como vacacionistas despreocupados, apunto de estallar y agitarme como una loca, me quedé pensando que no puedo, que me gusta hablar con la gente y que la casa a cuestas no me basta. O a veces no me basta.

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Hay una gran canción de Pink Floyd, en uno de sus no tan afortunados discos, que se llama “Keep Talking”. Una voz en off, que dejaba lugar a la melodía cantada por David Gillmour, narraba: “For millions of years mankind lived just like the animals
Then something happened which unleashed the power of our imagination
We learned to talk”, luego, para finalizar decía: “It doesn't have to be like this
All we need to do is make sure we keep talking”. Es un poema sesudo, una invitación a reflexionar de forma milenaria. El texto está a cargo de Stephen Hawking, quien siempre se ha creído muy listo.

El tema del lenguaje… otro de los tantos umbrales por los que me encanta quedarme y a los que Anita siempre me dirige. Cargar mi castillo y jugar a la ermitaña errante siempre ha sido una postal que adoro interpretar para burlar la necesidad por hablar, por jamás sentir el silencio vacío que ocurre cuando Anita y su amuleto no susurran al oído, o cuando los amigos callan, o cuando el hombre que amo no llama.

Son de las tantas estrategias para evitar la desesperación maniática y maquínica. Como el texto que es leído y que siempre busca a su hacedor en la lectura. Como ahora yo lo busco. Y busco que siga hablando y errando… hablando…. errando.

6.2.09

ciento volando

Recién pasó la oportunidad de la maestría y me quedé, como el chinito, milando.

Ni hablar. Anita reprocha cómo es que mi pasividad puede llevarme a la fustración por la ruta más rápida. Sin embargo, le digo (quizás como consuelo) que bien puede ser tomada como otra oportunidad - aún mayor - de darle un buen punto a mi interminable y confusa tesis.

Recién expliqué, de nuevo, cómo era que funcionaba la idea del rizoma para alcances no necesariamente literarios y entendí que más que un método es una verdadera actitud.

Ahora yo la padezco, porque Anita me habla, mi trabajo me habla, mi casa me habla y todo convive como una sucesión de eventos nada desafortunados pero sí un poco confusos.

Luego, una amiga me habló de la idea del infinito en Borges y me di cuenta cómo es que mi mente decodifica la literatura: a grandes rasgos yo leo a modo visual. Constantemente (y por alguna razón, en blanco y negro)imagino que todo transcurre como si yo fuera un testigo oculto de los eventos. Quizás es que pertenezco al género de los lectores que buscan ser llevados por el narrador hasta el final, siempre tomada por la punta de la nariz.
Sin embargo, desde mi perspectiva, imagino también que charlo sin verbo con los personajes, como si pudiera entrar a sus cabezas y ponerlos en su estado de cuestión.

Mi amiga dice que Borges se presenta como un infinito, sin embargo, por ninguna razón debe ser tomado esto como una alegoría. Este infinito es, en efecto, un espacio que conduce a dimensiones difíciles de concebir (al menos para una profana en el campo de la matemáitca como lo soy yo).

Anita dice que debo dejar de pensar y tomar aquél consejo: cuando uno investiga, intuye u observa debe hacer como en el tango, el objeto es la pareja y uno se deja llevar por la música y la seducción.

Ni hablar (de nuevo). A dárle átomos!