A grandes rasgos, vale la pena escribir sobre ese agujero porque es una manera de dialogar con él. Es posible que le esté dando atributos que no le pertenecen, como un halo de voluntad o un misticismo patético. Sin embargo eso es preferible a que permanezca en la impavidez de la garganta y se convierta en aquella fuerza inconmensurable que jala la mandíbula con violencia.
29.9.09
Good night sweet princess. Good night…
A grandes rasgos, vale la pena escribir sobre ese agujero porque es una manera de dialogar con él. Es posible que le esté dando atributos que no le pertenecen, como un halo de voluntad o un misticismo patético. Sin embargo eso es preferible a que permanezca en la impavidez de la garganta y se convierta en aquella fuerza inconmensurable que jala la mandíbula con violencia.
13.8.09
Crisis
Hoy en día, es complicado pensar en el término polisemántico (como todas las palabras), con acepciones cursis y rimbombantes… como las de los televisos sacando a sus peores representantes de medios diciendo que todas las crisis se pueden combatir con el corazón. Asco. Asco histórico y de carencia. Asco terrible e ignorante.
Yo pienso más en mis propias crisis que son de las que poseo más albedrío, o bien, mayor acceso. Mis crisis, constantes e intermitentes, se mueven como puntos espasmódicos (recuerda a los movimientos mediante los que la Maga y Oliveira se encontraban en las calles de París). Mi crisis que deviene en “papel en blanco” es la más recurrente. Cuando no puedo escribir algo medianamente formal y académico (otra palabra rimbombante) suelo llenar el blog. Pienso dos veces la afirmación anterior y me doy cuenta de que Anita, más bien, es la que reclama atención y me dicta. ¡Cómo me gustaría que Anita me ayudara en los otros menesteres!
Sin embargo, hay otras crisis que distraen, como la falta de dinero, de amigos, de diversión, de voluntad, de salud y de seguridad. Resulta cursi creer que algo puede garantizar la abundancia en estos aspectos. Pero igual es curioso saber que la misma abundancia puede ser perra con quien mayores dones le ha dado y resultar en melancolía. De las más canijas.
Todo un desbarajuste, ausencia de orden y de progreso. ¿A quién se le pudo ocurrir semejante falacia? El escritorio de las personas que más respeto es todo un nido, será acaso que no comprendo la metáfora y los nidos son la pequeña casa de las ideas, las cocinas literarias, o ese archivero que yo me imagino con alegría en el que un anciano simpático, que carga un quinqué, ordena todo lo que le meto. Un ordenador premoderno, un ordenador real.
Las crisis son esos momentos en los que el cuello se tensa, las uñas peligran y el cabello se cae. No son agradables, con certeza lo puedo decir. Pero, también son perras y se van cuando uno menos lo espera para seguir el mismo patrón de vuelta. Sin embargo, releo esto y pienso: ¿Quién en su sano juicio puede pensar que es posible adivinar el arribo de una crisis, como el momento en que una ventisca arrastra la tierra, o como el día en que va a llover? Es tonto pensar que la seguridad significa ser feliz. Es tonto pensar que la calma atrae la dicha.
¿Qué más es tonto? Todo. Las crisis, la vida, la felicidad… este post se va pareciendo a una canción de The sex pistols (Good save the queen) y yo a Syd Vicious (sólo que sin la sangre yiak).
En realidad no creo cabalmente que sea tonto, es sólo que a veces me siento un poco violenta y Anita prepara amuletos con rapidez para evitar que mi monstruo se haga más grande y que el Lamento vuelva.
Y entonces, cuando la miro, pienso que eso sí es tener razón. Los amuletos es el único consuelo que tenemos ante la crisis y ante todos sus síntomas. Si no lo la previenen, al menos hacen posible la fuga de escape en otros canales y en diferentes direcciones.
13.7.09
El héroe. Hacia una breve tipología (sin aparato crítico, por supuesto).
Los héroes miran distinto, es justo decirlo. Parece que tienen que ser melancólicos y despedir luz azul. Sin embargo, creo que esto es sólo una de las imágenes recurrentes de las que hablo.
Campbell decía en su libro que los ciclos por los que el héroe debía pasar le transportaban a escenarios por los que el individuo sorteaba distintas aventuras de índole difusa. Por principio, debía reconocer su destino, luego emigrar, luego encontrar a su mentor, luego hallar a quien lo ame y quien lo odie, luego sufrir, luego afrontar, luego viajar de nuevo, luego sufrir de nuevo (esta vez, mostrando todo lo que ha aprendido) y al final, portando el elixir que todo lo cura y lo salva para ayudar a su entorno. Porque los héroes eso hacen.
Yo me pregunto si hoy día gozan de la misma popularidad o simpatía que antaño les hacía una gala por antonomasia. Los héroes eran los personajes que todos querían ser o que todos querían conocer. (Cuando Lisa Simpson viaja con la familia desquiciada a Inglaterra y se encuentran con J. K. Rowling, le pregunta con ansias: ¡¿Cómo termina Harry Potter?! Y ella contesta: él se casa contigo…. Y Lisa suspira enamorada).
Ahora, muchos héroes (quizás los que más empatan con el diagnóstico de Campbell) son repudiados. Yo podría sugerir que un motivo de esta reacción radica en la falta de verosimilitud, o en la idea de que no hay nadie que a quien salven ni nadie a quien que ayuden, pues todos estamos solos y desamparados.
¿Los héroes, entonces, son necesarios o sólo paliativos? Como en las veces en que se sugiere que los pacientes no se automediquen ¿Será necesario que las personas no requieran de aquellos héroes a los que desprecian o con los que no se identifican?
Yo creo que los héroes existen a pesar de la obstinación por el desamparo de todos los buenos hombres de hoy que, como dice Luisa Josefina Hernández en Equinoccio, son suicidas por vocación y destino. Para estos, duele vivir y los héroes no sirven para ni madres. No existen (otro síntoma para hacer la imagen una carencia del ámbito palpable y razonado, aquél que demuestra las grandes plenitudes humanas). No son interesantes, pues lo de hoy es que importe el desazón acumulado de la historia infame, de su racimo sórdido de malos entendidos. No son divertidos, pues bien importa poco la diversión.
De este modo, los héroes ocurren sin la necesidad de ser llamados y sólo se hacen presentes para, un día, ser reconocidos de entre la multitud y, así, socorrer.
En este sentido, hay quien se quiere volver héroe para ser legitimado. Cruzan los caminos dispuestos, trazan las rutas, se hacen de los enemigos y dimiten al instante. Es sabido que los héroes, por definición, jamás anhelan el reconocimiento histórico. Saben que su historia será narrada de manera póstuma… porque, sí, los héroes, tras ayudar, deben morir.
Uno de los ejemplos más cliché es el de Frodo, sin embargo, prefiero reparar en Sam. ¿Quién es el héroe de la saga? Para mí, siempre fue él, pues tenía la bondad suficiente para procurar la carga de Frodo y del anillo, pero sin la astucia suficiente como para portarlo. Pero ¿A quién le importa portarlo? A Sam no. A él le importa hacer que Frodo llegue a su cometido. Esa es amistad de la buena, como el amor del bueno.
Los héroes, entonces, son como vehículos o portadores de destinos. En este otro sentido es que tienen miles de caras.
A ciencia cierta, no sé bien que son los héroes, de ser franca. Sólo apunto lo que Anita, cansada, me dice desde su contemplación. Pero sí creo que el motive de los que se llaman así, debe estar regido por la necesidad de ser amados. Como aquellos escritores que sólo quieren que los quieran.
Desde este otro sentido, los que escriben son los portadores de las historias de los héroes y los que cargan su destino. En imagen al revés, entonces, el héroe lo mira y le pregunta qué tan lejos es que está y lo iguala. Pues el autor es el héroe. Es el que sabe el elixir de la escritura y a la vez lo procura.
Los escritores, entonces, son los héroes de la historia que nadie narra… o que algún escritor está viendo y al que le preguntamos e igualamos como un gran creador de mundos y destinos, un comandador y jalador de este bagón. Que conduce un gran locomotor. (cfr. CT)
7.7.09
Martha
Fue una mudanza terrible: yo estaba agotada y no tenía nada de ánimos de comenzar una semana de trabajo, sin embargo me estaba haciendo a la idea de pensar en el fin de semana. Comenzar la semana pensando en el fin de semana...
De pronto llegó ella. Se llamaba Martha. El jefe la saluda estruendosamente y los demás disimulan el asco. Me dice: “Ella es Martha” y me presenta. Yo la miro de reojo porque tengo mucho trabajo y espeto un saludo discreto, pues, Finalmente, yo ya había saludado a todos los vecinos de escritorio y Martha aun no había llegado. A ella le correspondía hacerlo.
De pronto, vuelvo a mirarla. Apenas puede disimular la enorme protuberancia de su cuello, la espalada triangular y la voz oscura. Su peinado es perfecto y sus cejas están tatuadas. En muchos sentidos, Martha es una mujer mucho más preocupada por su aspecto que yo.
Mi vecino de escritorio me lanza una mirada cruel esperando complicidad. Yo ignoro el evento y comienzo a sentir simpatía por la buena de Martha.
Llega la hora de la comida y buscamos un lugar. Las calles que rodean la oficina son demasiado ostentosas para nuestro frugal salario y cuesta mucho trabajo encontrar algo tan accesible como decoroso. Por cansancio, terminamos en un lugar de tacos: tacos de pastor, tortas de pastor, tacos de machitos, quesadillas de sesos, alambres, refrescos. La carnicería comienza:
-¿Lo viste? No mames, parece que vas a tener mucha chamba cuidándote de sus miraditas.
-Nel ni madres, si ese puto se me lanza yo si me lo madreo.
- Chale, qué pinche asco.
-Pinche gente enferma.
Yo como sin prestar atención y de pronto me pregunto si Martha se fijaría en alguno de ellos. Pero en realidad, no dejo de pensar en lo incómoda que me siento en mi nuevo lugar. Capturar no es un evento feliz, sin música y levantándome muy temprano.
Tras la comida, al regresar a la oficina, comienza mi conteo regresivo para la salida y el comienzo de mi día personal. Diez horas diarias y soy afortunada. Finalmente, sólo soy una de tantas capturistas. No hay empleo ni oportunidad ahora, no hay grandes expectativas para nadie, mas que trabajar diez horas diarias y comenzar el día a las seis de la tarde.
- Oye, tu nombre sigue pegado en el monitor de tu computadora. ¿No crees que le puede hacer daño al equipo? .
Apenas si me doy cuenta que Martha me está llamando cuando detecto que usa Cartier. Sin pedírselo se levanta suavemente y despega el papel que dice mi nombre y mi clave, al hacerlo su cabello roza mi brazo.
- Ah, muchas gracias. Para la mudanza teníamos que clasificar todo y dejarlo codificado para que llegara bien aquí-. Martha sonríe y luego termina de recoger sus cosas. – Ciao- , me dice. – Chau - le contesto yo.
Al día siguiente trato de vestirme mejor. Pinto mis uñas y mis pestañas. Me pongo tacones y uso una peineta de carey. Hace mucho que no me llama mi novio. Hacía mucho que no me pintaba las uñas y las pestañas. Es una mañana mucho más lenta que las demás: son las nueve, nueve horas menos. Son las diez, ocho horas menos. Son las once, siete horas menos. Son las doce, puedo salir a fumar.
Un cigarro. Dos cigarros. Efecto laxante del cigarro. Hace mucho que no me llama mi novio y parece que no lo volverá a hacer.
Tomo un poco de papel higiénico y me preparo para salir. Estos baños tienen muchos espejos y el agua muy fría. Me lavo la cara, porque si no caeré al fin presa del aburrimiento frente a mi máquina. Hace años que mi novio ya no lo es, no es preciso extender el engaño a mis pensamientos. Ya son sólo recuerdos. Y Martha está de tras de mí y me mira por el espejo.
-¿Estás bien?
-Si.. sí, parece que me hizo daño fumar. Hace mese que no lo hacía.
Martha sonríe condescendientemente y se va dejando un rastro de Cartier. Recuerdo cuánto me gustaba ese perfume, pero nunca me fijó. En Martha huele tan bien.
***
-Hola…. No no, aquí estoy. Es que hacía mucho que no hablábamos. ¿Recibiste mi correo? Sí, ya nos mudamos de las oficinas anteriores. No sabía si seguías teniendo el número anterior, así que te escribí para que supieras donde ando. Igual, cansada. Pensando que saldré en unas horas ¿Tienes algo qué hacer? Ah.. no no, lo decía por si podías. ¿Cuándo tienes tiempo?... ¿Te irás? ¿Y no me lo ibas a decir? No, bueno.. es una excelente oportunidad. Siempre has querido ir a Francia. Yo aún no acabo la carrera…. Porque murió mi abuelo. Me acompañaste al funeral de mi abuelo, y él nos mantenía ¿Recuerdas? Ya vas a empezar. Si no acabo la carrera es porque no ha sido fácil. No lo es. Además: ¿Cómo es que me llamas ahora, después de meses de no hacerlo? Sólo lo haces para recordarme lo equivocada que estoy. Te irás ¿no? ¡No me reproches! Yo lloro cuando me da la gana… Basta. Este es el número de mi oficina, a dónde estás llamado ahora y no es un lugar idóneo para hablar de tu descuido, de tu abandono… Si tuvieras tiempo de arreglar las cosas ¿Te vas esta noche? Bueno, nos escribimos. Sí, estaré al pendiente. Buen viaje. Chau…
Me tiemblan las manos.
-¿Estás bien?
Siento como una melena roza mis mejillas, Martha está detrás de mí y ha escuchado mi conversación.
-¡Martha! Gracias.. sí, es que ya ves. Los pinches hombres .
- Jajaja, dímelo a mí. Oye ¿quieres tomar un café a la salida? Te ves triste-. El Cartier de Martha un día me va a matar. -Sí claro, sólo voy a cerrar el equipo
Martha habla conmigo como una gran amiga, a pesar que hace muy poco tiempo que nos conocemos. Trata de decirme lo importante que es el respeto y ser dura. -Mi novio siempre me está diciendo cómo y cuándo debo hacer las cosas, pero igual es un tonto- Sonreimos.
No se da cuenta de que estoy hipnotizada. Sus ojos son muy profundos. Como los de un hombre entrado en el sopor de la poesía. Como si leyera todas las noches a Marguerite Yourcenar. Su rostro es fino y arreglado, como si quisiera parecer una diva. Su espalda es muy atractiva y su torso tan imponente, a pesar del par de tetas que le cuelgan.
Martha es la consumación de lo mejor de un hombre y lo mejor de una mujer. Y yo sólo la miro como si estuviera hechizada.
- Hace años que él no me llamaba y por eso perdí el control. No soy siempre así. Te agradezco el café. Ya me tengo que ir- Dejé un par de billetes en la mesa y la mano de Martha se posó tiernamente sobe la mía- Descuida. Yo te invito y espero que no sea la última vez.
No recuerdo bien cómo salí del lugar. De pronto ya estaba rumbo a casa y me llevaba la mano a la boca en repetidas ocasiones. Martha. No puede ser el lío en el que me estoy metiendo.
A la mañana siguiente llego y enfermizamente espero ver a Martha. Pero el día pasa lento como siempre, de forma despiadada, y ella no llega.
Recojo mis cosas y salgo con decepción. Soy un animal de costumbres muy arraigadas y trazo el camino habitual rumbo al camión que me lleva a casa y que tarda minutos incandescentes. Hoy no vi a Martha y me afectó más de lo que podía imaginar. Jamás es absurdo saber dónde y cómo cae el amor. Creo que me debería sentir afortunada.
***
Han pasado varios días y no me puedo levantar. Mi cama se ha hecho un abismo profundo y no encuentro modo de salir. No tengo fuerzas de tomar el teléfono para avisar mi ausencia y, de ser franca, no me importa. Mis uñas tienen restos de esmalte y casi no tengo pestañas porque me arranco el rímel seco.
Alguien toca a mi puerta. Me levanto como si cargara un gran costal de piedras, haciéndome espacio entre la basura y los insectos. Abro la puerta y ocurre una hierofanía. Es Martha. Tan bella y radiante. Oliendo a Cartier más que nunca.
-Estábamos preocupados. Simplemente dejaste de ir, tuve que conseguir tu dirección y datos con tu jefe, quien, ya no quiere saber más de ti...
Yo sólo puedo mirarla con profunda redención. Sin decir palabras, me besa en los labios y yo no puedo controlar las lágrimas. Ella se separa y me sonríe -Te extrañé tanto. Desde la primera vez que te vi, supe que estábamos amoldadas. Que seríamos una sola persona amándose.
Le sonrío como si mi vida se acabara pronto. La veo y pienso que puede ser la muerte disfrazada del único ángel que he reconocido y que me pertenece. Ella me sigue besando y su paso firme nos aproxima a mi sucia y descuidada cama. Yo musito algo parecido a los estertores, aunque jamás he escuchado alguno.
-¡Martha!... Estás aquí… ¿Cómo es que estás aquí? ¿Cómo es que llegaste aquí? No puedes ser real. Te soñaba todo el tiempo. Incluso cuando trabajaba en esa asquerosa oficina, yo te soñaba bailando a Bach, como sólo los ángeles lo hacen. Porque tú eres mi único y verdadero ángel y vienes a redimirme… es verdad, vienes a hacerlo ¿Verdad?
Los besos. El perfume. Su cabello. Todo me sofoca, todo ocurre como una sinfonía que cada vez suena más alto y más rápido. Me siento absolutamente feliz.
Los movimientos son cada vez más fuertes y la voz de Martha se hace cada vez más ronca. Las convulsiones de mi cuerpo son cada vez más violentas y noto como ella intenta calmarme con su aliento celestial. Pero es imposible que yo me calme, porque sé que ese instante, que ocurre inclementemente rápido, acabará tan pronto… justo cuando la música de Bach termine y la danza de Martha se esfume y me deje sola de nuevo.
Acaricio su cabello, beso sus labios, tomo la lámpara de metal que alumbra mis lecturas nocturnas e interminables y la dejo caer fuertemente sobre su frágil nuca. Sólo oigo un leve crujido y siento todo su cuerpo inerte sobre el mío descuidado. Cierro los ojos.
Horas después, el detective apunta en una libreta: un departamento muy descuidado, un travesti muerto a causa de impacto asestado en la nuca y una mujer temblando envuelta en una manta sucia.
***
-Hola?… ¡Ah! ¿Qué dice el cielo parisino? ¡Qué gusto que llames! ¿Mi nuevo número te lo dio mi mamá? Yo estoy bien. Radiante. ¿Cómo? ¿Acaso hay un noticiero latino de nota roja en Francia? Hasta allá llegan las noticias de alto impacto. ¿Me oyes despreocupada? Descuida, yo estoy bien. Radiante. Seguro. Por un tiempo estuve mal, sí. Pero ahora sólo sé que estoy radiante. Pues que te puedo decir que no hayan dicho los periodistas: “Llevaba varios días encerrada y “él” llegaba para forzarme. No sé de dónde saqué fuerzas para defenderme y no sé cuánto tiempo habría aguantado… no lo sé… Tal cuál la declaración que di a los medios. Descuida amor, ¡En verdad estoy radiante! Yo también te extraño. Ojalá regresaras pronto. Sí… yo también…
18.6.09
Acción Mutante

“Bilbao, año 2012. Una extraña banda terrorista llamada “Acción Mutante” siembra el terror en el país. Está formada por seres deformes que pretenden vengarse de los ricos y guapos. El cerebro del grupo es el malvado Ramón Yarritu, un ser sin escrúpulos….”
Recuerdo que vi esta película cuando tenía como 14 años. Fue en una piyamada en casa de las Aishshas o en casa de Rachel. También recuerdo que enseguida vimos “Martín H.”, en la que conocí la música de Fito y al actor que después haría de malo en “Tesis” (un bombón). Festival de cine de arte hispanoamericano para morritas de 14.
La primera escena, en la que se arrastran los guerrilleros terroristas –orgullosos miembros del ejército en contra de los guapos, bellos, ricos y exitosos– me sorprendió tanto que agarré simpatía por el Alex de la Iglesia.
Finalmente no éramos muy distintas: Las losers del grupo, a las que les costaba un huevo todo, las que no eran populares y a las que siempre les inventaban chismesotes (quizás el más gracioso fue el de Amirita y Rachel como pareja).
Nos apodaban “Las abuelas” sólo porque a Ami no le gustaba desenredarse la mata y siempre traía un chongo en la parte baja de la cabeza. Lailis y yo éramos muy amigables, pero definitivamente Ciciol y Mariana eran hostiles. Las Aishshas eran idénticas, pero siempre las boicoteaban cuando se cambiaban de salón para repartirse los exámenes. Sarita, que se llevaba con una chava enorme y rara de nombre Itzel, en poco tiempo comenzó a volverse parte del grupo y sentarse a comer quesadillas con nosotras. Rachel era la sabrossa, la que mejor jugaba al fut y la que comenzó su despertar sexoso más temprano que todas.
En el fut siempre fuimos una vergüenza. Lailita y yo lo intentábamos hasta que vimos que hacíamos mejor mancuerna como defensa y portera, Amirita soltaba bronca, Ciciol de plano se iba a los madrazos, las Aishas le corrían, a Sarita se la llevaba el viento, Mariana le entraba, pero Rachel daba miedo: el balón era como un coco, ella sabía cómo llevarlo hasta la portera retadora, pararlo y tomar impulso para soltar un cañonazo del que hasta los chavos se quitaban.
Pero una no hacía la suficiente batalla para las chicas más talentosas, con más andamiaje y consentidas del profesor de Deportes. Ni pedo, “Las abuelas” de nuevo no calificábamos y la verdad es que nos valía madres.
Finalmente las tragedias contundentes como los cambios de escuela o la ansiosa búsqueda por entrar a las prepas de la UNAM, nos separaron. Nuestra relación se tuvo que hacer esporádica y sortear las pruebas de destino que la hacen una amistad real o sólo recuerdos.
***
Hace poco, tras una compra apresurada de zapatos con plataforma, un paso descuidado, el último escalón y mi tobillo endeble, me lastimé de forma contundente y requerí del uso de una férula. Creo que ahí comprendí mejor el humor sardónico Acción Mutante.
Es cierto, el mundo es una mierda para quien tiene alguna discapacidad: plazas con rampas estilo Everest que conducen a una única salida con escaleras. Estúpido.
Si el lisiado, discapacitado o sujeto con capacidades especiales busca divertirse y asistir a un evento, debe comprar boletos especiales (hágame el chingado favor señorita. Yo no sabía que me iba a lastimar obviusly).
Si el lisiado busca desplazarse provoca la hostilidad de la concurrencia circundante, pues es rebasado, empujado e inclusive refunfuñado (ahora entiendo mucho mucho mejor a Ramón Yarritu).
***
Recuerdo como en la secu, durante dos años, los compañeros se burlaban de nosotras y nos rechazaban. A mí se me hacía muy ridículo que se portaran como High School, siendo que estábamos en una escuela de tirada izquierdosa, mexicana y para clase media baja. Ni pedo, las trampas de la ficción y el fácil acceso que tiene el ícono de la secundaria gringa (Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos).
***
Al final fuimos las estrellitas marineras, pues nos disfrazamos de darkis y nos metimos a la clase con la boca negra, las uñas y todo el desmadre necesario.
El director nos regañó, nos mandó a las chicas más emblemáticas de la prepa para que hablaran con nosotras, para que nos dijeran en qué consistía esa “filosofía” y nos exhortaran a vivir sin esa clase de influencias. Patrañas sin censura.
***
Dos años después, cuando fui de buena onda a una fiesta de una compañera que, hacia la huelga del 99, se metió a esa secu para hacer la prepa, me abraza y grita: ¡¡¡Ella es una de las abuelas!!! Y 5 chavas se me vienen encima. Ni si quiera. Qué raro. No nos gustaba que nos dijeran así, dice Lai cuando le llamo por teléfono para contarle.
***
Qué divertidas eran las piyamadas. Más cuando veíamos las pelis que conseguían Mariana o Amirita. Las abuelas, Acción Mutante. Pinches morras barrosas de secu.
Y pese a todo, nuestras bajas no han sido muy significativas: Mariana que se volvió re fashon y Rachel que tiene un marido que no la deja vernos.
Creo que, en ese sentido, la postal del grupo de los outsider es un universal que poco se aleja de la realidad y que por eso tiene sentido. Acción mutante-las marginadas-las abuelas. El misterio de la narración que es capaz de narrar al espectador. Uno más de los rizomas de la historia que cuento con la historia que vivo o leo. Ni pedo, Deleuze sabe de lo que escribía. Me quito el sombrero.
21.5.09
Nobody expects the Spanish Inquisition!
Hace poco, Carlos me invitó a retomar la maravillosa costumbre de ver muchas muchas películas. Es así como conocí “Si yo hubiera”, pieza de ficción que grita “Soy una película con moda de los noventas”, con un halo absolutamente británico y una historia entrañable. Interesa su título en inglés, “Puertas corredizas” (sliding doors), como una de las metáforas más inteligentes de la idea de “fortuna-destino”.
Para no arruinar la experiencia de quien no la haya visto, sólo contaré que se narra la historia de una mujer viviendo dos historias simultáneas.
Lo que sí diré es que, de inicio, este planteamiento, me recuerda mucho al encuentro de Borges con el Aleph . Para no provocar un “soponcio” diré que la encuentro así con “distancias muy marcadas”; entre ellas, y quizás la más evidente, Borges siempre está consciente de que se ha encontrado un Aleph, mientras que la heroína de la película jamás sabe que hay otra posibilidad para su historia, de la que sólo el espectador sabe y puede gozar.
Lo que me parece cierto es que hay un suceso inconmensurable, similar al que el Aleph produce: dos historias que transcurren como posibilidades en un mismo espacio.
¿Cuántas veces no ha ocurrido este evento en el plano de lo real y el individuo jamás se da cuenta? Por absurda que parezca la pregunta, no cabe duda de que uno sólo la formula cuando ve películas que tratan al respecto. La revelación de mi propio encuentro con las puertas corredizas es una historia que sí puedo contar sin arruinar un final.
Hace años realicé un viaje muy importante, en el que creía que iba a encontrar cosas que sin duda me iban a sorprender. Tal cual pasó y “tá” - como dicen los rioplatenses – me sorprendí y me quedé pensando en un próximo cambio de residencia y una posible vida tan atractiva como peligrosa.
Sin embargo, como dice Sabina, mis planes no fueron compartidos y me quedé con “un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo”.
Creo que duró más mi duelo que el momento en que ese plan fue una posibilidad real.
Pero, como dijera Nat, en una de sus dedicatorias más lindas: “you are a Phoenix”.
El tiempo pasó. Pocas veces me he sentido tan identificada con la idea de “destino”.
Tras la recuperación de este evento, sin razonar mucho y siguiendo pistas, me encontré con la persona que correspondería con quien en la cinta que menciono dice jubilosamente: Nobody expects the Spanish Inquisition!
Comparto con Are la idea de los epílogos. Es bonito reconocerlos y, en ocasiones, hacerlos prólogos.
Cuando llego a pensar qué hubiera pasado si el timón de mi “destino” no hubiera girado y hubiera vivido otra historia en lugar de la que cuento, me descubro comprendiendo que no me interesa. Es lo lindo de enamorarse de la ficción, que siempre se puede elegir lo que uno desea contar y que le cuenten.
12.5.09
12 de mayo de 2009
Siempre he pensado que los cumpleaños lo son, de modo que, por el sólo hecho de querer dejar una huella pequeña que diga "12 de mayo de 2009", Anita y yo ponemos este texto.
Un año más... un día más.

